Los Mochis, Sinaloa.- En medio de las tareas diarias y el ritmo acelerado de la ciudad, dos trabajadores vivieron un encuentro inesperado con la naturaleza que los llevó a reflexionar sobre la importancia de observar y cuidar la fauna silvestre que transita por la región. Entre las 11:00 y las 12:00 horas, Rubén Romo García y Mario Alberto Castro Machado notaron en el cielo unas siluetas que inicialmente confundieron con globos aerostáticos. Sin embargo, al fijar mejor la vista, reconocieron que se trataba de una espectacular parvada de pelícanos migratorios atravesando Los Mochis.
Ambos ciudadanos no dejaron pasar la oportunidad de inmortalizar el momento con sus teléfonos celulares, logrando registrar fotográficamente un fenómeno natural que, aunque se repite cada año en la zona, sigue siendo merecedor de admiración y respeto.
“Cada año pasan, pero esta vez ya los alcanzamos a mirar mejor”
, comentó Rubén sobre el avistamiento, que no representaba una sorpresa total para él, pues había observado a estas aves en temporadas anteriores. Lo que hizo especial este encuentro fue la claridad con la que lograron distinguir la parvada y documentar su recorrido migratorio.
Para Rubén, quien disfruta de la fotografía aunque no ejerce esta actividad de manera profesional, la experiencia trascendió lo meramente visual. El espectáculo de las aves en el cielo representó un recordatorio de que los ciclos naturales continúan funcionando incluso dentro de la actividad urbana constante, y que la ciudad también puede convertirse en un mirador privilegiado de la vida silvestre.
El ciudadano ha tenido encuentros anteriores con pelícanos en otras localidades de la región, como en Guamúchil, donde ha visto a estas aves volar y permanecer durante ciertos períodos en zonas cercanas a presas. Esas experiencias le han permitido comprender que el desplazamiento de los pelícanos forma parte de un proceso ecológico natural que vincula distintos territorios y ecosistemas, y que su paso por Sinaloa ofrece a los habitantes la oportunidad de conectar con la biodiversidad local.
“Son animales muy importantes en el medio ambiente. Ellos emigran para otro lado también”
, reflexionó Rubén, destacando que lo que para muchas personas puede ser simplemente un grupo de aves en el firmamento, para otros representa una conexión valiosa con la naturaleza y la biodiversidad que rodea la región.
Las aves observadas por ambos ciudadanos corresponden probablemente al pelícano blanco americano, una especie migratoria de gran envergadura caracterizada por su plumaje predominantemente blanco y las plumas negras visibles en sus alas. Originarios de América del Norte, estos pelícanos se reproducen principalmente en regiones del interior de Canadá y Estados Unidos. Durante los meses más fríos, numerosas poblaciones se desplazan hacia el sur en búsqueda de sitios adecuados para alimentarse y descansar, incluyendo humedales, lagos, estuarios y zonas costeras de México.
Lo que más llama la atención de estos ejemplares es su tamaño imponente. Un pelícano adulto puede alcanzar entre 1.2 y 1.8 metros de largo, mientras que la envergadura de sus alas extendidas puede aproximarse a los tres metros. Durante el vuelo, estas aves suelen viajar agrupadas, aprovechando de manera ingeniosa las corrientes de aire para recorrer distancias considerables sin agotar su energía.
Más allá de su apariencia impresionante, estos pelícanos cumplen una función ecológica fundamental en los ambientes acuáticos, alimentándose principalmente de peces mediante distintas estrategias, entre ellas la pesca cooperativa, donde varios ejemplares trabajan en conjunto para concentrar el alimento. Su presencia durante los períodos de migración subraya la necesidad de preservar los espacios naturales que utilizan como refugio, zonas de alimentación y descanso.
En el norte de Sinaloa, visualizar estas aves en tránsito representa una oportunidad valiosa para que la comunidad se acerque a la riqueza natural de la región y entienda que los paisajes locales forman parte de dinámicas ecológicas que trascienden los límites de cualquier ciudad.
Para Rubén y Mario Alberto, la acción de tomar fotografías surgió de manera espontánea y natural. No se trata de especialistas en ornitología ni organizaron una expedición para localizar a estas aves; simplemente mantuvieron la capacidad de observar atentamente lo que ocurría en su entorno inmediato. Precisamente esa disposición a mirar y reflexionar es lo que Rubén considera fundamental promover, especialmente entre las generaciones más jóvenes.
El ciudadano enfatiza que las personas pueden aprender a identificar las especies que aparecen con los cambios estacionales y comprender las razones por las que ciertas aves se desplazan de un territorio a otro buscando condiciones óptimas para subsistir.
“Que los papás les inculquen a los niños que sean observadores y que vean los animales silvestres”
, expresó, haciendo hincapié en la relevancia de explicar a los pequeños cómo funciona la migración y el motivo por el cual estas especies recorren variados territorios a lo largo del año.
La educación relacionada con el medio ambiente no necesariamente debe limitarse a un espacio escolar formal o una actividad especializada. Puede surgir de manera orgánica en momentos cotidianos: observar el cielo, distinguir una parvada de aves, capturar una imagen y preguntarse de dónde provienen y hacia dónde se encaminan.
El encuentro vivido por ambos ciudadanos también invita a una reflexión profunda sobre la responsabilidad que tienen las personas frente a la fauna silvestre. Rubén considera indispensable transformar la creencia común de que los animales que aparecen regularmente no merecen consideración especial. Reconocer su valor constituye el primer paso para fomentar una convivencia más armónica y respetuosa con el entorno natural, permitiendo que futuras generaciones también puedan disfrutar del espectáculo de observar estas especies.
Respetar y proteger a las aves migratorias implica acciones concretas: evitar molestarlas, abstenerse de intentar capturarlas, respetar los lugares donde descansan o se alimentan, y contribuir activamente a la conservación de humedales y otros espacios naturales de los que dependen para su supervivencia.
Aunque las imágenes capturadas por Rubén y Mario Alberto surgieron durante una jornada laboral ordinaria, su registro permitió pausar temporalmente la rutina y prestar atención a un fenómeno que ocurre de forma natural y que merece ser valorado. En una ciudad donde las responsabilidades laborales, el movimiento constante y las obligaciones diarias ocupan la mayor parte del tiempo disponible, el paso de una parvada recordó que la naturaleza permanece presente y que su observación puede transformarse en una oportunidad enriquecedora de aprendizaje.
De esta manera, dos ciudadanos que simplemente levantaron sus teléfonos para documentar unas aves transmitieron un mensaje significativo: observar con atención el mundo que nos rodea, valorar la fauna silvestre que lo habita, y transmitir a las nuevas generaciones la importancia de respetarla, son acciones aparentemente pequeñas pero profundamente impactantes que contribuyen a mantener vigente y vital la relación entre las personas y la naturaleza.






