Sinaloa.- Un sistema de baja presión estacionado sobre la Sierra Madre Occidental ha generado precipitaciones constantes que están transformando la situación hídrica de la región. Según informó Roy Navarrete Cuevas, responsable de Protección Civil, los indicadores de sequía han desaparecido de las comunidades que anteriormente enfrentaban situaciones críticas de abastecimiento de agua.
Los beneficios de estas lluvias son múltiples. Además de restaurar los niveles de humedad en el suelo, han detenido completamente la actividad de incendios forestales en la zona montañosa, que representaba una amenaza significativa durante los meses más secos del año.
Navarrete Cuevas explicó que tanto municipios como la Secretaría de Bienestar y Desarrollo Sustentable han dejado de emitir reportes de emergencia relacionados con la escasez de agua en las elevaciones.
“Ha estado lloviendo muy bien; todavía no se ha saturado al 100% la tierra, pero esperamos que siga lloviendo como hasta hoy”
, manifestó el funcionario en relación con el potencial de las precipitaciones actuales.
Aunque el Monitor de Sequía aún registra algunas áreas clasificadas como “anormalmente seco”, las autoridades anticipan que estas clasificaciones desaparecerán en la próxima actualización del instrumento de seguimiento, debido a la persistencia de las lluvias diarias que caracterizan el patrón meteorológico actual.
El escenario más optimista señala que las precipitaciones, que actualmente se concentran en las montañas, gradualmente se expandirán hacia los valles, ampliando los beneficios a toda la región. Los especialistas confían en que la recarga de los mantos freáticos progresará de forma acelerada en las próximas semanas.
De acuerdo con los pronósticos disponibles, junio y julio se perfilan como meses particularmente lluviosos. Si estas condiciones climáticas persisten sin alteraciones provocadas por fenómenos naturales inesperados, Protección Civil estima que en aproximadamente dos meses la región alcanzará una recuperación hídrica completa.
El análisis a largo plazo sugiere que aunque agosto podría experimentar una reducción temporal en las precipitaciones, se anticipa un resurgimiento significativo durante septiembre y octubre, lo que consolidaría la seguridad hídrica de las zonas serranas para el resto del año.






