Los Mochis, Sinaloa.- En lo que va del año, el Centro de Integración Juvenil de nuestra ciudad ha atendido a cuatrocientas veinte personas, y una cifra alarmante destaca en estos registros: prácticamente la mitad de ellas son adolescentes menores de dieciocho años que requieren apoyo por problemas de consumo y salud mental.
De acuerdo con Nancy Lerma, directora de la institución, el cuarenta y siete por ciento de los pacientes registrados entre enero y septiembre corresponde a menores de edad. Lo más preocupante es que el treinta y seis por ciento del total son estudiantes de educación secundaria, con especial prevalencia en jóvenes de catorce y quince años.
Los problemas que enfrentan estos adolescentes van más allá del simple consumo de sustancias. La directora explicó que entre las consultas frecuentes aparecen dificultades para gestionar emociones, cambios bruscos de comportamiento, irritabilidad, impulsividad y síntomas relacionados con depresión.
Estos factores no son menores: pueden deteriorar la convivencia en el hogar, afectar las relaciones sociales y comprometer el desempeño académico, además de representar un puente peligroso hacia el consumo más grave de sustancias adictivas.
Vapeadores y tabaco lideran el consumo reportado
En cuanto a las sustancias específicas, los datos del CIJ revelan un panorama complejo. El cincuenta y cinco por ciento de los usuarios mencionó haber consumido tabaco o vapeadores, el cuarenta por ciento reportó ingesta de alcohol, el veintiséis por ciento marihuana y el quince por ciento estimulantes como la metanfetamina.
Lerma manifestó su preocupación particular por la propagación de los vapeadores entre la población joven. Señaló que existe una conexión profunda entre los problemas de salud mental y las adicciones: las angustias emocionales pueden aumentar la susceptibilidad al consumo, mientras que ciertas sustancias tienden a intensificar síntomas como irritabilidad, depresión y descontrol emocional.
La directora enfatizó la importancia de que las familias no subestimen los primeros síntomas de malestar emocional o inicio de consumo, especialmente cuando se notan transformaciones significativas en el comportamiento de los menores.
Señales de alerta que los padres no deben ignorar
Lerma identificó varios indicadores que deben encender focos rojos en madres y padres. El aislamiento progresivo, cambios abruptos del estado de ánimo, modificaciones en el círculo de amistades, disminución en las calificaciones escolares y ausencias frecuentes en clases son algunas de estas alertas.
También recomendó poner atención si los adolescentes muestran interés repentino en adquirir vapeadores o si estos aparecen entre sus pertenencias personales. Aunque ninguna de estas señales por sí sola confirma consumo de drogas, la combinación de varios cambios generalmente indica que el joven está atravesando una situación que requiere intervención profesional.
"Generalmente es la conducta la que cambia. Su comportamiento y su estado de ánimo son lo más perceptible"
La directora hizo hincapié en que muchas familias tienen dificultades para aceptar que algo está ocurriendo con sus hijos, lo que impide la detección oportuna de estas señales. Por ello, convocó a fortalecer la comunicación en el seno familiar, conocer el entorno en el que se desenvuelven los adolescentes y acudir a especialistas cuando sea necesario.
Intervención temprana, clave para la prevención
Durante el periodo reportado, el CIJ ha recibido a menores desde los diez años, aunque no ha atendido a pacientes por debajo de esa edad. Lerma subrayó que intervenir en etapas tempranas es fundamental para prevenir que se consolide una adicción.
El centro ofrece programas integrales de prevención, evaluación y tratamiento para personas con problemas de consumo, así como orientación para sus familias. Los servicios también incluyen atención a cuestiones de salud mental, independientemente de si existe una adicción asociada.
La directora hizo un llamado a padres y tutores para que no esperen a que los problemas emocionales o el consumo causen daños más severos en la vida familiar, social y académica de los jóvenes. La recomendación es buscar apoyo profesional desde el primer indicio de alerta.






