Sinaloa.- Aunque Sinaloa se posiciona como el principal estado productor de maíz en México, los agricultores que se dedican a este cultivo enfrentan una situación económica complicada, con márgenes de ganancia que resultan insuficientes e incluso pueden transformarse en pérdidas.
De acuerdo con datos de Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA), un productor invierte aproximadamente 53 mil pesos por hectárea si trabaja tierra de su propiedad. Cuando la tierra es arrendada, este monto puede ascender hasta 66 mil pesos por hectárea.
Los propios agricultores señalan que los principales rubros que impactan negativamente en su rentabilidad son el arrendamiento de terrenos y los costos de insumos, particularmente el combustible requerido para operar tractores y otras maquinarias agrícolas.
Para lograr una ganancia moderada que justifique su inversión, los productores necesitan obtener un rendimiento promedio de 12 toneladas por hectárea. Con la cotización actual en la bolsa de Chicago de 65 dólares por tonelada, según FIRA, apenas lograrían recuperar una cuarta parte de su inversión inicial.
El panorama se agrava cuando el rendimiento cae por debajo de las 10 toneladas por hectárea, situación que convierte las operaciones en pérdidas netas para el agricultor.
Subsidios gubernamentales con alcance limitado
Durante el ciclo 2025-2026, Sinaloa ha experimentado rendimientos bajos que han generado pérdidas en múltiples cosechas. Ante esta crisis, los gobiernos han implementado apoyos de mil 700 pesos por tonelada: mil 300 aportados por la federación y 400 por el estado.
Sin embargo, estos apoyos tienen un alcance limitado. Según información del Secretario de Agricultura y Ganadería de Sinaloa, los subsidios se aplican únicamente a 10 toneladas por hectárea.
En términos concretos, sin el subsidio un agricultor obtendría ingresos aproximados de 54 mil pesos, generando una ganancia de apenas mil pesos. Con el apoyo gubernamental aplicado a 10 toneladas, recibiría 17 mil pesos adicionales, lo que sigue siendo insuficiente para justificar la inversión realizada.
La brecha entre productor y consumidor
Un aspecto que acentúa la problemática es la desproporción entre el precio que paga el consumidor final y lo que recibe el productor. El kilogramo de maíz se comercializa a 4.50 pesos en el campo, mientras que ese mismo producto transformado en tortilla alcanza un precio de aproximadamente 28 pesos en el mercado.
Esto representa que la tortilla tiene un valor seis veces superior al del grano original. Esta diferencia abismal se debe a múltiples factores a lo largo de la cadena productiva: costos de transporte, almacenamiento, procesos de industrialización y nixtamalización, energía, mano de obra, arrendamiento de espacios comerciales, impuestos y márgenes de ganancia de los diversos intermediarios involucrados.
La situación actual deja en evidencia la vulnerabilidad del sector maicero sinaloense, donde a pesar de ser un motor productivo a nivel nacional, los agricultores siguen enfrentando márgenes de rentabilidad que amenazan la viabilidad económica de sus operaciones.






